Es mi vida, y qué?

Siempre quise hacer un viaje para reencontrarme a mí misma. Estas vacaciones tomé valor: salí sola en mi auto rumbo al sur. Claro que sólo me duró dos horas porque de ahí en adelante estuve acompañada pero sin el ruido habitual. Casi no usé mi teléfono, no usé redes sociales y en sólo una ocasión encendí mi Notebook para poner música.

A pesar de haber estado acompañada, hubo instantes en que me sentía agradablemente sola y pude pensar en mí, mientras miraba el techo. Hice cosas que jamás había hecho, visité lugares que no conocía, estuve en la tranquilidad de la oscuridad pero con una pequeña luz que me alumbraba para no perder el rumbo. Me subí a un caballo después de unos 25 años y cabalgué por la orilla del mar.

Descubrí que amo mi vida, me gusta la simpleza de mi vida, me gusta la simpleza de mi trabajo, me gusta poder sentarme a mirar a la gente como camina dentro de un centro comercial, me gusta disfrutar de un café sola o acompañada, me gusta manejar aún cuando los tacos retrasen mi retorno al hogar, me gusta que mi gata se adueñe de la cama a pesar que cada día duermo más chueca.

Soy feliz sabiendo que mis amigos de verdad me quieren y me aceptan tal como soy, que no les importa cuánta plata tengo ni cuán importante es mi trabajo, no se fijan en mi remuneración mensual, sino en lo exitosa que soy en lo que hago. Me divierto viendo a mis enemigos revolcarse con cada uno de mis logros, pero tampoco me detengo en ellos porque es una verdadera pérdida de tiempo. Aprendí que a veces no los puedes eliminar de tu vida, así que es mejor aprender a convivir con ellos desde la distancia.

Entendí que quienes buscan a sus amigos por el dinero y status que les pueden dar, jamás terminarán bien, aparentarán tenerlo todo pero en el fondo, no tendrán nada.

Perdí el miedo a enfrentarme a mis monstruos, porque el monstruo más grande en mi vida soy yo misma. Cuando descubrí eso, me di cuenta que no es un monstruo, sino una gatita asustada a la que solo le faltaba confianza. Cuando eso ocurre, ya no tengo miedo ni vergüenza de correr donde el amigo correcto que me de una palabra de aliento para seguir adelante. Porque sentirse vulnerable es normal, todos nos sentimos así en algún momento y es un error guardarse ese sentimiento. Nos estanca y no nos deja continuar.

Dejé de leer en los diarios horóscopos que jamás se cumplen, prefiero seguir mis instintos y pensar que cada día será mejor que ayer, por lo que hoy será peor que mañana.

También dejé de decir “yo” a cada rato, pues ofendo a quienes me rodean cada vez que me jacto de lo que hice o no hice.

Tampoco busco demostrar lo que soy o no soy, no necesito hacerlo pues quienes me quieren y me conocen, saben exactamente lo que soy y cuánto valgo. Así que tampoco leo reportajes sobre autoayuda para decir “así soy”.

No busco el hombre perfecto, con un trabajo perfecto, con una apariencia perfecta y con un trato perfecto. Tan sólo busco un hombre que se ajuste a mi simple forma de vida.  


Si aparece o no, sólo la vida lo dirá.

Una Historia de Amor

Hace dos semanas salía del lugar donde vivo y me encontré en el jardín, al lado de la acera, un pequeño perrito. Lo habían abandonado con casa, le habían dejado agua, comida hasta un colchoncito para que durmiera. El pobre estaba atacado por la tiña.

Mi indignación fue grande, me fui todo el camino a la oficina pensando cómo puede haber gente que tire a la calle a un perrito sólo porque está enfermo, de una enfermedad que hoy día se cura en muy corto tiempo.

Me acordé del Doménico. El Doménico era un lindo perrito que le habían regalado a mi amiga Sara, era un Yorkshire Terrier. Un día fui a ver a Sara porque estaba enferma, me senté en su cama y apareció el Doménico.
-      
        - ¡No tomes a ese perro que está hediondo!
Pero Sara, báñalo.
-      - No, si tiene una alergia, tengo que llevarlo día por medio al veterinario para     que le pongan una inyección…

Me quedó como poncho la declaración que tenía una “alergia”. Coincidió que una semana después tuve que llevar a mi perro al veterinario y le conté del episodio.
-      
    - Eso le dicen a la gente, que su perro tiene “alergia” para que no los    abandonen. Ese perro está con Tiña y lo están medicando.

Justamente, dos semanas después, el Doménico no tenía nada.

Recordé ese episodio, me enojaba cada vez más porque habían abandonado al perrito casi frente de donde vivo. Me llamaba la atención una sola cosa: ¿Por qué lo habían abandonado con casa, agua y comida?

Esa tarde regresé y me acerqué al guardia para preguntarle si habían visto quién había abandonado al cachorro
-      
        - No, señorita, nadie abandonó al cachorro. Un veterinario preguntó si lo podía  dejar aquí un par de semanas mientras se recupera de la tiña. Lo viene a ver  dos veces al día y le hacen las curaciones. Nos pidió que le avisáramos si  veíamos algo raro. No lo puede tener en la clínica para que no contagie al  resto. Él lo recogió de la calle.

Se me volvió el alma al cuerpo. Desde ese día veo como vienen muchas personas a ver el estado de salud del perrito, hombres, mujeres y niños llegan en sus autos, le traen comida, le cambian el agua, limpian el lugar. Entre ellos viene el veterinario y la futura dueña quien, en cuanto esté de alta, se lo llevará a un nuevo hogar.


Historias de amor hay muchas. La que les acabo de contar es muy simple y no deja de ser curiosa, pero es mi regalo hoy día, este 14 de febrero que, para varear, sigo sola. Como siempre.

Febrero

Cada vez me gusta menos Febrero. Nunca salgo de vacaciones en Febrero porque Santiago se pone agradable, las temperaturas bajan un poco, las calles tienen menos auto, los tiempos de traslado se acortan y las noches invitan a relajarse, a leer un buen libro, ver una buena película y, si tienes algo de suerte, un trago en compañía de tus amigas que se han quedado a disfrutar de este mes ancladas aquí.

Pero Febrero también me trae malos recuerdos. Quiebres amorosos, dolorosos, de esos que esperabas jamás ocurrieran. También abandoné yo el barco un Febrero.

¿Saben qué es lo que más odio de Febrero? El día de los enamorados. ¿Saben por qué lo odio tanto? Porque jamás he tenido un día de los enamorados como se supone debiera ser. Aún cuando he pasado ese día más de alguna vez en pareja.

De chica veía a mis amigas como eran regaladas con ositos de peluche, ese era el regalo más tradicional. Las miraba y pensaba cuándo me iría a tocar a mi. Mi primer día de los enamorados en pareja me trajo un peluche, ese que estaba de moda y recuerdo haber sido muy feliz. En otra ocasión, con otra pareja, recibí flores. Pero poco a poco mis relaciones fueron cambiando y esa fecha dio paso a la desidia.

El hombre con el que me iba a casar, el último hombre con el que tuve una relación seria, apenas llegó con una tarjeta (que no sé dónde quedó, puede que la haya roto) al otro día.

Me llené de rabia y dolor.

Me quedé con la sensación que no sirvo para el amor, para el romanticismo. Que todo ese cuento no es más que basura.

De todos los febreros el del año pasado fue el peor. Me tuve que bancar el final del cuento con Mr. Right, el acoso de la pequeña sicópata y varias noches sin poder dormir bien.

¿Cuál es el panorama para este año? Dentro de lo que a mí me toca pues no mucho. No hay amante, no hay enamorado, no hay nadie con quien celebrar. Y aunque trate de abstraerme del tema, es casi imposible, porque el tema con los corazoncitos rojos y los enamorados están por todos lados: en la calle, en los diarios, en las radios, en la televisión.

¿No podríamos crear un día para los solteros que no tienen ni un amigo con ventaja siquiera?

No me molesta que se sepa que estoy sola.

A pesar de estar sola, debo confesar que sentí el amor como nunca antes lo había sentido. Hubo un hombre, uno solo hasta el día de hoy, que fue capaz de sacar lo mejor de mi, logró hacerme ver que puedo ser romántica, hacía que no me molestaran las palabras románticas. Un hombre que a veces no se cansaba de decirme que me quería, lo dijo tantas veces que creo que suplió todas aquellas veces que no me lo dijeron. Pero como todas las cosas buenas de la vida, se acabó.

Me llené de soledad y melancolía, sólo me quedaron sus palabras.


No sé si la esperanza en mi se desvaneció con él.

Moira

Hay amistades y amistades. Hay amistades que se pierden rápido y otras no tanto. Hay otras amistades que son capaces de sobrevivir al paso de los años y otras que se quiebran y uno nunca sabe bien por qué.

Pero hay amistades que, a pesar de los errores, de los malos ratos, de las peleas y el distanciamiento, son capaces de ver más allá y, aún después de años, se vuelven a reunir con un “sin rencor” sincero.

A pesar de haber cursado casi toda mi enseñanza en el mismo colegio y con las mismas compañeras, son pocas a las que puedo reconocer como amigas, son más las que reconozco como compañeras y no de pesada, sino porque esto de la amistad es igual que en el amor: o hay feeling o no hay feeling.

De mi época de estudiante de Diseño Gráfico me pasa lo mismo, creo que conservo a una sola, con la que me comunico de cuando en cuando.

A pesar de haber estado varios años estudiando Publicidad, casi no estreché lazos con nadie. Sé de muchos de ellos por facebook pero en realidad poco y nada contacto tengo con ellos.

Cuando estudié en Manpower fue la mejor época, me sentía libre, empoderada de mí misma y con ganas de conquistar el mundo. Recuerdo como si fuera ayer el primer día de clases del segundo semestre. Ahí a pocos metros míos había una chica flaca, crespa, siempre ojerosa y de malas pulgas. Me llamaba la atención y yo le caía mal.

No sé en qué minuto nos hicimos amigas, no sé en qué minuto nos hicimos casi inseparables. Cultivamos una amistad bastante particular que se vio fortalecida cuando salimos al mundo laboral. Era entretenido tener a quién contarle todas mis penas, de la vida, y del amor.

Coprotagonista de casi todo este blog, amiga de juerga, de penas y alegrías. De viajes y sueños imposibles nos distanciamos hace ya casi 3 años pero jamás dejé de pensar en ella.

Muchas veces me dijeron “mándala a la cresta” “hazla caminar por el caminito de flores y te olvidas de ella” Traté una y otra vez de hacerlo pero no pude. A lo mejor el cariño que le tenía era demasiado grande, es que con el paso de los años la fui viendo como si fuera mi hermana menor más que mi amiga.

Como mi hermana menor. Así la sentí, así la sigo sintiendo.

Muchas veces en mis sueños se me aparecía, sin razón aparente, pero por las mañanas sabía que en mis sueños había estado ella. Como podía trataba de indagar si estaba bien porque esos sueños algo me decían y no estaba segura qué.

Hasta que llegó un momento en que nadie supo darme una respuesta. Hasta que mis sueños se me hicieron intolerables y decidí tomar el toro por las astas.

Un simple correo enviado el año pasado (¡qué cliché eso de “el año pasado” cuando fueron tan sólo un par de días atrás!) y una respuesta. Fue todo lo que necesitaba para saber que mi amiga seguía igual que yo: echándola de menos.

Mi alegría es grande, es como si hubiese perdido una joya valiosa y después de mucho la hubiese encontrado ahí mismo donde sabía que la había dejado, pero no la veía.

Los años han pasado no en vano, hay mucho que contarse, mucho que volver a compartir y estoy segura que mucho de qué reírnos.

Y para los que no estén de acuerdo en que esto haya pasado, desde ya les digo que no me importa, porque era lo que le faltaba a mi alma, el condimento principal para que este año 2014 sea maravilloso.


Le duela a quien le duela.

Ritual de Fin de Año

Dicen que es bueno hacer un ritual en Año Nuevo para cerrar la etapa del año que se va. Mi ritual durante mucho tiempo ha sido hacer un recuento del año que se va, confesar cosas y pedir buenas vibras para el que viene.

Si tengo que hacer un balance real, este año que se va no fue bueno. Partió malo con el fin de la historia entre Mr. Right y yo, a pesar que de vez en cuando aún nos saludamos, no es lo mismo. Obvio, la segunda parte no fue buena y por experiencia sé que las terceras partes son peor aún así que ¿para qué desgastarme escribiendo una mala novela que nadie querrá leer?

El amor este año estuvo esquivo, algunas trazas por aquí y por allá pero nada concreto. Al final creo que fui yo quien no quiso concretar nada. Mejor sola que mal acompañada. ¿Alguna historia oculta? Obvio, una grande, fuerte y linda, como suelen ser todas esas historias y por lo mismo la dejaremos en el anonimato. Sólo diré que por primera vez me sentí amada de verdad. Lamentablemente mis relaciones siempre son imposibles así que ya se imaginarán como terminó esa historia.

Me topé con un par de hombres extraños. Uno que se las daba de Cristian Grey (¿lo recuerdan?) y que en el fondo no era más que un tipo simpático que trataba de atraer miradas de mujeres pero incapaz de concretar algo con nadie. Y otro que, de haber sabido los problemas que me iba acarrear, mejor no lo hubiese conocido y no hubiese aceptado verlo en persona.

Es que hay hombres raritos en esta fauna de cemento que tanto me gusta. Porque a pesar del calor en verano, del frío en invierno, de la congestión vehicular, del stress que algunos insisten en ponerle, esta ciudad tiene su encanto con sus calles llenas de gente, con los jóvenes estrafalarios, con sus galerías de arte y con sus parques. Me gusta Santiago más que otras capitales que he tenido la suerte de conocer.

Echo de menos la época en que tenía más tiempo para mí, cada vez dedico más tiempo en otras personas, en mi casa, mi familia, que en mí. Eso es algo que este año que viene debe revertirse o terminaré volviéndome loca. Necesito mi espacio, necesito hacer otras cosas. Por el momento estoy tratando de hacer que hablar con las personas por teléfono me guste. Nunca me ha gustado pero comprendo que es un contacto necesario porque no todos escriben correos para comunicarse.

Al fin y fuera de todo pronóstico este año logré operarme de la vista. Después de tantos años me atreví y hoy puedo ver sin mis viejos lentes. Me estaban comenzando a dañar el ojo y lo más preocupante, los lentes de contacto estaban comenzando a provocarme alergia que hacía que mis ojos se hincharan en forma desproporcionada. Creo que esa fue la mejor parte de este año, más allá del gasto que tuve que hacer. Gasto que luego se multiplicó pues estuve a punto de perder dos piezas dentales por culpa de mi maldito sistema nervioso que hizo que se me quebraran dos muelas con un intervalo de una semana entre una y otra. Mi bolsillo está resentido pero sé que mi situación mejorará en cuanto llegue Marzo.

Tuve que despedir a mi tía Carmen. Eso fue doloroso, uno no quisiera despedir a la gente que quiere pero su salud se deterioró rápidamente este invierno y ella misma confesó en un minuto que ya estaba cansada de vivir y que quería descansar. Su deseo se cumplió y hoy sé que está feliz.

Y las eternas intrigas de gente que anda a mi alrededor. A veces creo que jamás se cansarán o que su vida es tan pobre que no tienen nada mejor que hacer que andar pelando e inventando cuentos. Si algún día me encaran ¡volarán plumas! Porque muchas verdades saldrán a relucir. Verdades que a una persona en particular no le conviene que se sepa. Pero no soy tan mala, las dejaré que continúen con su cuento mientras yo busco mi felicidad por otro lado.

De las preguntas sin respuestas de este año, creo que la más importante es saber por qué con tal de dañarme pasan a dañar a otras personas. ¿No habría sido más fácil buscar una forma de hacerlo sólo a mi y no indirectamente dañando a otras personas que necesitan de ayuda? Eso por más que lo pienso no lo entiendo. Falta de corazón creo que se llama ¿o de inteligencia para hacer las cosas?

Siempre me han tratado de tonta, pero creo que se las pasó la mano con la tontera en algunos temas. Al final descubrí que no hay nada mejor que sentarse a mirar por la ventana como se agarran del moño por nada. Es como una teleserie mal contada, de esas mexicanas malas donde todo es un enredo tal que lo mejor que se puede hacer es escuchar y observar. Claro, en el supuesto que no te puedas sacar de encima a los personajes o que alguien insista en ponerte de protagonista.

Y así se fue el año, aprendí cosas nuevas, conocí gente nueva. Gente quedó en el recuerdo, otras ocuparon su lugar y nadie sabe cuándo quedarán atrás y serán reemplazadas nuevamente. Porque las únicas personas que son irreemplazables en tu vida es tu familia (por más que algunos quisieran) Así que a disfrutar de quienes te rodean y a rezar para que el próximo año sea de verdad mejor que este. Que traiga buenas cosas en lo personal más que en lo material, porque lo material siempre se puede conseguir, pero el amor y cariño de quienes amas es otra cosa.


Que tengan todos un Feliz Año 2014 y prometo retomar la escritura por tanto tiempo abandonada sin saber por qué.

De Niña Buena a Niña Mala

Volví a Chile esperando el minuto exacto de pegar el zarpazo, claro que me pasé de un estado a otro con la rapidez del rayo: un día me sentía fuerte, el otro era una debilucha incapaz de hacer algo. Supongo que es algo normal en personas que están sufriendo una decepción y que además se encuentran en un nivel alto de stress.

La Pequeña Sicópata se calmó un tiempo, casi no hablaba conmigo pero mantenía el contacto a través de las redes sociales. Justamente fue a través del odiado Facebook que comencé a sospechar que ella había sido algo más de él. Cada persona tiene sus frases, su sello de raza y Mister Right tenía varias. Ella las usaba, eso fue lo que me hizo click.

Llegó Semana Santa, ella se fue a Concepción, él no sé a dónde y yo en Santiago. El Domingo de Ramos entré a fisgonear al Facebook de él cuando me topé por casualidad con una foto donde salía él con su novia en una actitud bastante divertida: mostrando la lengua.

Fue el instante, el chispazo que te abre la mente, los sentidos y a la Sicópata que toda mujer lleva dentro. Pasé de niña buena a niña mala en dos segundos.

¿Qué pasaría si a la Pequeña Sicópata le llegara de verdad un correo anónimo con una foto de ellos? ¿Su actitud la delataría?

Bajé la foto al notebook. En dos minutos había creado un correo falso y se la estaba enviando con un simple enunciado “¿A quién le saca la lengua?” Nada ofensivo, no era bullying ¡Era perfecto!

Ni pestañeé para hacer click y enviarlo. Apagué mi notebook, me di media vuelta y me dormí. Jamás sentí el teléfono volviéndose loco a las 2 AM con mensajes de esta niñita molesta por lo que le había llegado. Tan molesta estaba que incluso le envió a la nueva novia mensajes diciendo que le habían llegado más anónimos y armando un tremendo escándalo. Le reenvió el correo a él, le reclamó que cómo era posible lo que estaba pasando y bla, bla, bla.

Hizo exactamente lo que yo esperaba que hiciera y que nunca antes había hecho: asustarse.

Le contesté los mensajes a las 07:30 AM, me reenvió los mensajes que le había enviado a ella y comenzó con el cuento que justo estaba con un amigo de la PDI del área del Cibercrímen y que estaban tratando de identificar la IP desde donde había sido enviado. Obvio, era mentira, pero no me interesaba que no supiera que había sido yo. Por el contrario, quería ser yo quien se lo dijera para ver su reacción.

Creo que se quedó helada cuando le dije “tontita, deja de hacer escándalo, fui yo quien te lo envió” Se demoró bastante en contestar y preguntar por qué lo había hecho. La respuesta era obvia, porque había descubierto que ella era quien realmente estuvo siempre detrás de todas las intrigas, todos los anónimos, todas las llamadas falsas y mintiéndole a él y a mí en forma descarada, aprovechando su amistad con la nueva novia para revolver todo y manejarlo a su favor.

Después de eso me quedé tranquila.

Cuando le conté todo lo que había pasado a la Cata (mi amiga, la que me lo presentó hace años ya) no lo podía creer, estaba en shock tratando de entender cómo una mujer puede ser tan mala. Me insistió que le hiciera a llegar todas las pruebas que tenía pues me había guardado todas las conversaciones que tuve con ella, menos la telefónica. En su minuto imprimí todo, lo tenía en un sobre, listo para dejárselo en la conserjería de su edificio pero me detuve.

Él no quería saber nada de mí, desde principios de Febrero que no me dirigía la palabra. Entonces pudo más mi orgullo. Decidí cerrar ahí el tema, ya estaba tranquila y sabía quién era la intrigante y si él no era capaz de darse cuenta, pues era su problema.

Pero él hizo algo que enfureció a mi amiga Cata: la eliminó de sus contactos. Eso a ella no le gustó porque ella jamás se metió en este tema, nunca filtró información de ni un lado y tampoco nunca tuvo claro cómo y en qué consistía nuestra relación. Ella sólo pecó de habernos presentado y de conocernos a ambos. Furiosa me llamó y me pidió el número de teléfono para hablar con él.
Al poco rato me llamó y me dijo que él quería las pruebas que yo tenía, ella le explicó que no estaba dispuesta a entregárselas pues no me había creído y eso me había dolido. Le pidió interceder por él porque de verdad quería ver esas pruebas.

Me tomé mi tiempo y se las envié por correo. No había enviado el último cuando mi teléfono sonó: era él dándome las gracias. “Gracias! Gracias Totales!” ¿No podía decirme gracias solamente? ¡Tan manoseada que tienen la frase de Ceratti!

Pero habían pasado varios meses, ya no era la tontita sumisa que se derretía cuando lo escuchaba o que sonreía cada vez que me llegaba un correo. Las cosas habían cambiado y yo también.

Lo subí y bajé por imbécil, porque si hubiese hecho caso a lo que le dije el día martes 12 de febrero cuando le dije que cualquier cosa rara que le llegara en mi nombre, se tomara la molestia de preguntarme directo a mi por teléfono y por ningún otro medio. Pero no lo hizo, le fue más fácil creerle a la Pequeña Sicópata y a su actual novia que creerme a mí, que me conocía desde hacían 7 años y con quien se había ido a la cama mil veces antes que con esas otras dos.

Me acuerdo y me da rabia. Me contó la verdad de la niñita, cuantas veces había estado con ella y la forma como ella se había arrastrado frente a él. Incluso me mandó los mensajes donde ella desesperada se le ofrecía en bandeja. Nada de eso me sorprendió, ya había descubierto por mis propios medios qué era lo que la empujaba a crear toda la intriga.


Así fue como cerré la última página del libro para siempre, le puse la lápida por mi lado. Aunque por su lado no fue tan así.

Tiempo Fuera

Me encanta Buenos Aires, es tan… no sé cómo definirlo. A pesar de sus veredas rotas, sus problemas con el tránsito que son mucho mayores que los que vivimos en Santiago y su olor a cloaca por las noches, Buenos Aires tiene un encanto especial que me invita a caminar horas por el microcentro descubriendo calles nuevas, galerías de arte, tiendas de ropa linda y otras cosas más.

Me fui buscando refugio y lo encontré. Ahí estaba mi amigo Juani, lindo él como siempre, con su sonrisa preciosa y siempre dispuesto a darme una mano.

Me gusta ir a esos hoteles del centro porque logro moverme muy bien por la ciudad muchas veces sin necesidad de tomar un taxi.

Camine kilómetros despejando mi mente de todo lo que había pasado y poniendo en orden todo lo que había pasado. Un día fui al zoológico de Buenos Aires, es inmenso, caminé desde temprano hasta casi media tarde. A la salida crucé al parque que se encuentra en frente por Av. Del Libertador y entré al Jardín Japonés.

Me senté en una banca y mirando la naturaleza al mi alrededor al fin pude poner mis ideas en orden.

Ex Mr. Right siempre había tenido alguna otra mina por ahí aparte de tenerme a mí. Nunca iba a formalizar nada con nadie porque su situación de eterno soltero le acomodaba pues le permitía tener varias amantes a la vez con el mismo discurso “yo no te he prometido nada, nosotros solo somos amigos”. Por el tiempo que nosotros llevábamos en ese juego sólo podía deducir que era su preferida pues en el fondo era la que menos lo molestaba.

La Pequeña Sicópata había aparecido ese invierno y lo que me contaba eran sólo mentiras, desde que él le quería presentar a la prima, que él quería que ella se fuera a vivir con él, hasta que a ella él le importaba un pepino. Todo era falso. Tan falso como los supuestos correos anónimos que la pobrecita recibía de parte de la Periodista nueva novia de Ex Mr. Right.

Un poco complicado a lo mejor para todos, es que esta cosa había pasado de ser de a dos, a tres y luego cuatro: 3 mujeres y un Adán.

¿Qué podía hacer para demostrar que al final de cuentas la gran mentirosa era la Pequeña Sicópata que llevada por los celos y el despecho había sido capaz de tanta mentira? Algo tenía que poder hacerse, no podía ella quedar impune, haberme dejado mal con él y estarle haciendo la vida a cuadritos a la nueva novia.


Alguien tenía que hacer algo.

La Pequeña Sicópata

Lentamente la Pequeña Sicópata se fue acercando a mí, contando una serie de mentiras que en un principio me hacían creerle pero que poco a poco a medida que iba pasando el tiempo iba poniendo en duda.

Habían varias inconsecuencias y yo soy experta para atar cabos sueltos que la gente va dejando por ahí. A pesar que tengo déficit atencional, recuerdo detalles que para otras personas pasan desapercibidas y es así como pude ir notando inconsecuencias.

Insistía en decirme que ella me quería ayudar porque hace meses atrás le había pasado algo similar y sabía el dolor por el que yo estaba pasando. No me tragaba ni una palabra pero frente a ella me hacía la víctima. Total, en cierta forma me resultaba entretenida su conversación dentro de tanto dolor.

Pero a esta niñita se le pasó la mano el día que llamó a la oficina del ex Mr. Right y lo puso mal haciendo como que era una persona reclamando por un cheque protestado. Mal, eso no se hace o por lo menos la gente normal no lo hace, sólo los sicópatas son capaces de hacer ese tipo de cosas.

Pasaron dos semanas donde no tuve noticias de él en forma directa, sólo las cosas que a veces me hacía saber la Pequeña Sicópata, Él había cortado toda relación conmigo y me había dicho que ojala este blog jamás hubiese sido escrito.

Otro dardo a mi corazón pues lo conocí cuando ya tenía este blog y en ese minuto me di cuenta que en el fondo nunca me aceptó tal como soy.

Ya era marzo y se acercaban mis vacaciones pero no había planificado nada. Un día martes faltando solo dos semanas para salir, me desperté y pensé que lo mejor que podía hacer era poner toda la distancia que podía entre Santiago y yo. Así que decidí cruzar la cordillera y refugiarme en Buenos Aires por unos días.

Rápidamente junté el dinero y agarré a mi hermana chica para que me acompañara. No quería tampoco estar sola y nadie sabía ni entendía la premura de mi viaje, pero yo lo necesitaba.

Me iba el viernes de vacaciones y el día martes me atacaron nuevamente por Internet. En ese minuto me contacté con la Pequeña Sicópata y le dije que entrara a ver cómo me atacaba la mina de ex Mr. Right. Me dijo que no me preocupara, que ella iba a tomar el ataque que me hacían y le iba a pedir a un amigo unas fotos de ella y le iba a decir que le habían vuelto a enviar un anónimo Con eso se terminó de delatar.

Entendí al fin y al 100% que la persona detrás de todo era ella, no era yo, no era él ni era su nueva novia. Era la Pequeña Sicópata.


Pero ¿Por qué?

¿Y qué pasó después?

Muchos se quedaron preguntando qué pasó después. Es una larga historia que trataré de ir contando de a poco pues de verdad que no sé ni siquiera cómo comenzar.

El día lunes me sentí mal, ese fue el día de mi último post. Ese día me quería morir de la pena, tanto amor entregado y nada de vuelta. No era justo pero era su decisión.

El día martes comenzó el vendaval.

Me llegó un anónimo a mi twitter informándome que mi cuenta tenía un troll. Para los que no saben un troll en twitter es alguien que toma tu foto y crea una cuenta en extremo parecida, le cambia una letra o le agrega algo al @ para que a simple vista se vea igual que la original. Entonces comprendí lo que me decía el ex Mr. Right sobre que había hablado con su mina y bla bla bla ¡Nunca lo hice! Fue alguien haciéndose pasar por mí, pero ¿quién?

Los anónimos se sucedieron todo ese día y poco a poco traté de acercarme a la persona que me los mandaba, haciéndome la tonta, tratando de averiguar más porque quería saber más. Me pidió mi número telefónico para comunicarse conmigo y contarme todo. Se lo di.

La voz era de una mujer joven quien al principio sólo se identificó casi como “la mejor amiga” de ex Mr. Right. Conversamos un rato y me contó una cantidad de barbaridades sobre lo que él supuestamente hacía, de cómo la prima lo controlaba y cómo “ella” lo había utilizado sólo para tener sexo con él.

Pero de las cosas que más me dolieron cuando me habló fue cuando me dijo que él le había pedido que se fuera a vivir a su departamento. Entonces ella, muy suelta de cuerpo, me dijo que sólo con un par de tragos encima se iba a la cama con él.

Otra puñalada directa al corazón, sobre todo porque en esos momentos no pensé en nada más que en mí ¿no lo habría hecho cualquiera de ustedes? La Pequeña Psicópata había sembrado en mi la semilla de la duda sobre todo lo que había pasado además diciéndome quién estaba detrás de todo: La Periodista Bailadora de Caño.

Según su versión la nueva conquista de ex Mr. Right se había enterado quién era yo y había urdido todo un cuento auto enviándose mensajes para aparecer como víctima de mis desvaríos.

¿Cuándo escuché algo similar? Creo que muchas veces me han tildado de loca y yo no he abierto la boca siquiera, pero es más fácil decir que estoy loca a justificar lo injustificable o sacarme del camino.

Esa noche apenas pude conciliar el sueño. Fue terrible sentir esa sensación de cerrar los ojos y saltar sobre tu cama como cuando sientes que te vas a caer a un barranco pero sin el barranco, así de la nada mi cuerpo saltaba en espasmos producto del sistema nervioso sumamente alterado, rogaba porque todo esto pasara luego.


Y sin embargo tenían que pasar muchas cosas más y por lo menos casi dos meses para que todo se aclarara.

Amor... lo siento...


Yo sabía que algo así tenía que ocurrir para poder liberarme. No quería que fuera exactamente así pero enfrentarme a la ira de Mr. Right me hizo enfrentarme a mis propios miedos.

Las siguientes palabras son para él. Sin importar si las lee o no, son cosas que tengo acumuladas en el corazón y necesito decirlas aún cuando sea al aire.

Nunca me prometiste nada, al contrario, siempre hablaste con la verdad sobre lo que teníamos, que según tu era muy bueno y estabas muy feliz con ello. Hace dos años atrás una llamada tuya para invitarme a tu departamento era una simple llamada más, pero con el tiempo poco a poco se fue transformando en algo más.

Así también ocurrió con nuestras conversaciones que se alargaban en cientos de correos acumulados en mi bandeja de entrada. Correos que en más de alguna ocasión me reconfortaron y me dieron fuerza para seguir adelante.

Traté siempre de ser la amiga silenciosa, cual amante de un hombre soltero que no molesta, que se queda en una esquina observando a lo lejos.

Pero el corazón no conoce razones y poco a poco el juego del amigo con ventaja se fue transformando en otra cosa, en algo más profundo, algo que no pude frenar por más que lo intenté.

Fueron dos años muy difíciles para mí, tratando siempre de no enfadarte, de ocultarte lo que sentía para que no te espantaras y siempre con la esperanza de llegar a ser la número uno.

Pero tu tenías otros planes para mi. Más bien nunca tuviste un plan claro. Te puedo preguntar miles de veces el por qué no me diste otro lugar en tu vida y jamás tendrás una respuesta.

En este tiempo tuve que soportar que comenzaras a salir con distintas mujeres pero llegó un punto en que yo de verdad ya no pude más. Sin embargo después de tus palabras de la semana pasada estuve a punto de caer nuevamente en tu juego. Algo me detuvo, no sé bien qué fue.

Y después de todo lo ocurrido anoche sólo te puedo decir que nunca hablé con ella, por ningún medio, supongo que no sabe siquiera quién soy yo. Si lo averiguó lo hizo por otro medio, por otra vía, pero no fui yo.

También quiero decirte que fue muy exagerado de tu parte decirme algunas cosas como eso que te iba a tirar el auto si te veía con otra. Tengo dignidad y soy lo suficientemente dama como para no hacerlo. Es la misma razón por la que jamás me acerqué a ninguna de las minas con las que has jugado en todo este tiempo.

Pero lo que más me duele es haber perdido a mi amigo, a mi confidente. Al único hombre al que le he dicho que lo amo desde lo más profundo de mi corazón y sin sentir vergüenza por mi sentimiento.

Bueno o malo es lo que siento, si no te gusta, perdona… pero no puedo ir contra mi propia naturaleza.